domingo, 23 de marzo de 2014

La génesis de los viajes

¿Cuándo empiezan realmente los viajes? ¿Cuando se toma la decisión de realizarlo? ¿Cuando se calcula un presupuesto? ¿Cuando se saca el pasaje? ¿Cuando se pisa el suelo de destino? O quizás antes, mucho antes.

Propongo pensar que las cosas que nos están sucediendo hoy; el momento en que conocemos a alguien, la comida que probamos, la película que vimos anoche o el libro que estamos leyendo son sólo la semilla, el primer paso de la concepción de un viaje que comenzamos a transitar, aunque falte mucho tiempo para que caigamos en cuenta de ello.

Tenía 9 años cuando vino un amigo de mi papá a cenar a casa. Trajo un Cassette que decía “VER LÁMINA ADJUNTA”, por los 90´s esa inscripción identificaba a los Cassettes “truchos”. O sea, eran grabaciones de los originales. Los primeros pasos de la piratería musical. No creo que hayan existido discos de vinilo ilegales. Éste lo era. Con el tiempo entendí que el hecho de que lo fuera le agregaría una linda nota de color a mi historia.

Era “Física y Química”, de Joaquín Sabina. Mi papá lo puso a sonar. Sonaron cuatro canciones y lo sacó alegando que no le gustaba lo que estaba escuchando. Pero algo en mí pasó en esos minutos, algo escuché, algo se activó. Así que tomé el Cassette sin que nadie lo notara y lo guardé debajo de mi almohada. Cuando quería esconder algo siempre lo ponía ahí, como si fuera el lugar más blindado del universo, un rincón donde podía guardar mis tesoros con tranquilidad absoluta sabiendo que no corrían peligro. Resulta interesante ver cómo evolucionó la relación con la almohada con el tiempo, ese entonces eran objetos, luego sobre fui depositando cosas intangibles, pero más pesadas, los primeros deseos, los pensamientos más secretos. Se convirtió la almohada en un interlocutor incondicional, le hablé a mi almohada de amores y fantasmas. La llené de dudas y un sinfín de cuestionamientos. Sueños, literal y metafóricamente hablando.

No recuerdo el momento en que me fui a dormir aquella noche, pero con sólo 9 años no había adquirido aún el hábito de la nocturnidad. Sin dudas me acosté (o mamá me acostó) antes de que terminara la reunión y el amigo de papá se retirara. Con el tiempo me inventé muchas veces la anécdota del señor buscando su Cassette antes de irse y acusándolo en broma a papá de querer robarlo, y papá diciendo que sólo roba música buena, y las risas y la promesa de una búsqueda intensa con devolución en la semana. Pero es sólo una fantasía. La realidad es que me fui a dormir abrazada a mi motín y desperté abrazada a él sin que nadie preguntara nada. Creo que ese fue el primer ilícito que cometí en mi vida. Otra nota de color que no supe entender en ese momento.

El domingo esperé a que todos se acostaran a dormir la siesta para poner, bajito y relojeando la puerta de la habitación de mis viejos, el que ya era MI primer Cassette de Sabina.

Recuerdo haberlo escuchado una vez y quedar atontada, o más bien y esto es algo que tampoco decantó en el momento, enamorada. Sólo quería escuchar y escuchar esas canciones. No tenía ni edad, ni historia, ni vida para entenderlas. Pero había algo en ellas que me enloquecía, que me sacaba de eje, que me ponía contenta y que por momentos me angustiaba. Como un enamoramiento. Así, tal cual.

Tuvimos tiempos de mayor y menor cercanía los primeros años, pero nunca dejé de escucharlo. Después empecé a crecer, pero a crecer de verdad. Comenzó a dolerme fiero el mundo, la injusticia, las traiciones, algunas amistades, los hombres. Tuve encantos y desencantos. Fui mordida por la culebra del amor  y trepé por la enredadera de mi propia Calle Melancolía. Comencé a preguntarme de qué manera quería vivir mi vida, con todo lo que trae consigo ese primer despertar de las inquietudes. Comencé a besar y a beber. Llegué al tango y al vino.  Empecé a convivir con nuevos deseos, los llevé a cabo, los reprimí, metí la pata, patiné. Y fue en ese momento en que comencé a entender realmente de qué hablaban esas canciones que me enloquecían con 9, 10, 11, 12 años…

Toda la maravillosa música que vino después (que adoro y que no es poca) ejerció sobre mí en algunas ocasiones una conexión de identificación instantánea del momento que estaba viviendo, otras veces desencadenó la nostalgia o fue un disparador de deseos. Pero con Joaquín fue muy distinto, yo amaba canciones que contaban historias que aún no había vivido, sólo con el tiempo pude comprender por qué me gustaban tanto. Como si cada canción de la cual me enamoré en mi infancia fuera una epifanía. Lo que iba a vivir. Es el día de hoy que todavía, sigo redescubriéndolas, maravillada. Sabina compuso sin duda alguna la banda sonora de mi vida.

Y así crecí. Imaginando esas historias primero, interpretándolas en carne propia después. Historias que atravesé en Buenos Aires, pero que originalmente tenían lugar en Madrid.

Madrid. Las Puertas de Alcalá, el parque del Retiro, la Gran Vía, Tirso de Molina, Sol, Tribunal, el río Manzanares, la Cibeles, el Corte Inglés, Lavapiés, Antón Martín. Una infinidad de lugares en los que estuve, volando bajo un auricular, o acostada en el sillón de mi casa. Yo estuve en Madrid sin moverme de Buenos Aires. Yo estuve en Madrid quizás cuando ni siquiera sabía que Madrid era una ciudad de España, ni que España pertenecía a otro continente.  

No recuerdo exactamente en qué momento tuve el primer impulso de viajar y pisar en persona esas calles.  Pero sé que eso fue hace mucho tiempo.
Anidé en Buenos Aires. Sentí deseos de viajar a otros lugares y lo hice. Viví con mayor y menor presupuesto. Y Madrid siempre estuvo ahí, en la cima de mis deseos, durante mucho tiempo lo sentí inalcanzable, después comencé a creer que era viable y me convencí de ello. Sin embargo, si bien sabía que algún día iba a llegar, me seguía resultando lejano.

Durante los últimos años tuve pegado al lado de mi cama un mapa de Madrid. Lo miraba cada noche al acostarme y cada mañana al abrir los ojos. Me imaginé a mí misma infinidad de veces dentro de ese mapa.
Hace un tiempo decidí armar una lista de las cosas realmente importantes, proyectos que quería realizar en mi vida. Eran dos nomás, pero eran inmensamente inmensos.  Me puse fechas, porque soy de esas personas que funcionan extrañamente bien bajo presión: antes de los 32 años viajar a Madrid, y antes de los 35 tener mi propia librería.

Voy a cumplir 31 años en mayo y la semana pasada saqué el pasaje a Madrid. El contexto económico y laboral no es el mejor del mundo, sin embargo, o quizás por eso mismo, sentí que debía sacar el pasaje. Aunque no sepa bien cómo voy a hacer para pagarlo, o con qué dinero podré contar al momento de tomar el avión, lo saqué. Ya está.

Madrid y yo tenemos hoy una cita real. El 5 de septiembre a las 14:40 hs. estaré pisando suelo español.

¿Pero cuándo comenzó realmente este viaje? ¿La semana pasada cuando al fin me decidí a pagar por el pasaje de avión? ¿El día en que me puse fechas? ¿La tarde que pegué el mapa al lado de mi cama? O antes… mucho antes.  La noche en que agarré ese Cassette y lo escondí debajo de mi almohada cometiendo un hurto naif, pero hurto al fin. Quizás yo empecé a viajar a Madrid cuando ni siquiera sabía lo que era viajar. Quizás llevo 22 años viajando hacia Madrid. Es hora de llegar.  



3 comentarios:

  1. Que lindo lo que escribiste, por muchas razones me gusta... primero me encanta sabina, lo "conoci" con la dedicación de un tema hacia m i"con la frente marchita" ,,, me la dedicada un español ... y la magia de la canción el imaginar de la historia, hizo que pronto calara hondo en mi corazón. Canción que supo predecir la historia... Un beso grande,

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  2. muchas gracias por tus palabras... cuando armé este blog pensé que sería un fiasco total, que le haya llegado algo de todo esto a ALGUIEN ya es una ganancia para mí. gracias, de verdad! abrazo.

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  3. continua, siempre hay alguien leyendo... eso lo aprendí con el tiempo...

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